Siete años parecen mucho tiempo, hasta que miras para atrás y te caben en una sola noche de camino.
No hay atajos para lo que tarda años en llegar.
Hoy, 19 de agosto, la Virgen del Rocío sale de su Santuario en la aldea y emprende el Camino de los Llanos hacia Almonte. Quince kilómetros, toda la noche, hasta llegar al pueblo con las primeras luces del día. Esto no pasa todos los años. Pasa cada siete.
Este 2026 la Venida llega además enmarcada en el Año Jubilar Rociero, así que el traslado tiene un peso especial: no es solo el septenio, es una cita histórica para Almonte y para todo el que siente el Rocío como algo propio, se sea o no de allí.
Yo no soy de Almonte, soy de Triana. En 2019 estuve ahí, en mitad del polvo que levanta el propio camino, viendo pasar la imagen entre la gente. Volver ahora, siete años después, con la misma gente con la que fui entonces, no es poca cosa. Porque la suerte no es solo hacer el camino es, la inmensa fortuna de hacerlo sin que falte nadie de los que empezaron contigo (incluido yo 😁).
Durante el trayecto la Virgen lleva un capote que la protege de ese mismo polvo. Nadie le ve la cara hasta el amanecer, ya en el pueblo, con el primer rayo de sol le volveremos a ver la cara, cuando la noche de esfuerzo ha terminado. Es una imagen que se queda grabada: la espera, la protección, y el momento en que por fin se descubre lo que se ha estado guardando durante horas.
Siete años parece mucho tiempo hasta que miras para atrás y caben en una sola noche de camino.

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