Julio en Triana: cuando la azotea se convierte en taller (y la Cruzcampo, en premio)

Hay un ritual no escrito en las azoteas de Triana cuando llega julio si pintas o reformas: si quieres hacer algo, lo haces temprano. A partir de las diez de la mañana el sol ya no avisa, aprieta directo, y a mediodía cualquier azotea del barrio se convierte en una plancha. Así que el que tenga faena pendiente, mejor que madrugue.

Taladro en mano, lata de pintura a medias abierta, la cinta métrica y las gafas de faena tiradas sobre la mesa de siempre. Las macetas resistiendo como pueden esta calor que no da tregua ni a las plantas. Todo apunta a que el trabajo se ha hecho a primera hora, antes de que fuera imposible seguir ahí arriba.

Y entonces, cuando el cuerpo ya no aguanta más sol, llega el premio: el vaso de Cruzcampo Especial, frío, esperando en la mesa como si fuera parte de la caja de herramientas. Porque en Triana el descanso del mediodía no es un lujo, es supervivencia pura en pleno julio. Se ha ganado el sitio igual que el taladro o la brocha.


Es una estampa que se repite en patios y azoteas de todo el barrio por estas fechas: reformas que se paran en cuanto aprieta la calor, macetas aguantando el tipo, y esa pausa obligada antes de que el sol de julio se ponga serio de verdad. Pequeñas escenas domésticas que, sumadas, son tan Triana como el propio río.

Así que si esta semana pasáis por alguna azotea del barrio a media mañana y ya no veís a nadie trabajando, ya sabéis por qué: aquí en julio, o madrugas o esperas a que baje el sol. Y mientras tanto, la cervecita de mediodía es sagrada.



¿Y tú, a qué hora haces la faena de casa en pleno verano para no morir en el intento? 
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