El río y sus asignaturas pendientes. El correo de Andalucía

Nicol Jiménez Actualizado 27/10/2012 20:46
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Gran parte de los tramos urbanos del Guadalquivir siguen de espaldas a la ciudad pese a los proyectos y promesas.


En las últimas semanas -y con bastante retraso- por fin se han abierto las nuevas zonas verdes del Charco de la Pava (rebautizada como parque de la Vega de Triana y todavía sin bancos, farolas o fuentes) y el muelle de Nueva York, pero el Guadalquivir, la dársena y el cauce vivo, sigue siendo un bello decorado de la ciudad, no una fuente de riqueza ni un río activo. Hace mucho tiempo que dejó de ser una amenaza, pero la mayoría de sus tramos urbanos siguen de espaldas al ciudadano. La actividad portuaria condiciona gran parte del cauce histórico y el canal fluvial carece de dotaciones adecuadas.

Las riberas del río a su paso por la ciudad siguen desaprovechadas, pese a la recuperación de algunas zonas, y por eso antes de las pasadas elecciones municipales todos los partidos políticos lanzaron propuestas para transformarlas en un eje cultural, turístico, deportivo y de ocio, con o sin bares y playa urbana. Todos se comprometieron a convertirlo en una gran avenida peatonal. Todos apostaron por recuperar el río. Era el reto del 22-M. Dos años después, poco cambió.

Las operaciones urbanísticas para revitalizar el tramo urbano y el cauce metropolitano casi nunca han salido del papel y cuando lo han hecho se limitaron a medidas puntuales, como las del convenio entre el Consistorio y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) o la mera colocación de pantalanes.

La ampliación del parque de San Jerónimo, con su pasarela hasta el Alamillo, transformó la zona, pero sus usuarios aún esperan iluminación y vigilancia.

El paseo Juan Carlos I es el gran olvidado. Aparte de la instalación de un cerramiento en una zona entre Barqueta y la pasarela de Cartuja para evitar los asentamientos chabolistas, sigue abandonado, desconectado y sin mejoras desde el 92. Sin embargo, Juan Ignacio Zoido prometió mucho para este espacio antes de llegar a la Alcaldía. En concreto, aseguró su "adecentamiento" gracias a fondos europeos y nuevos usos deportivos, de ocio y diversión para todas las edades en el paseo Juan Carlos I y Torneo. Las popularmente conocidas como Rutas del Colesterol (máquinas de gimnasia para personas mayores) no faltaron en el programa electoral del PP. Zoido incluso aseguró que en la zona en la que ya existe un parque infantil instalaría un quiosco-bar para los padres diseñaría una zona de solarium, con césped, que contaría con tumbonas para tomar el sol. Era su playa urbana, similar a la que el PSOE situó en San Jerónimo.

En lo que no pensaron los políticos es en el baño, porque ¿quién se atreve a tirarse al río? La propuesta del PP, con otro quiosco-bar en Torneo, se completaba con un escenario para actuaciones al aire libre e instalaciones deportivas.
Los populares ya en 2007 lideraron el debate sobre la transformación del río con su proyecto de una piscina en la dársena. En 2010, el equipo de Zoido apostó por "un eje turístico y cultural" a través del Guadalquivir para que fuesen conectadas las Atarazanas, la Torre del Oro, el Archivo de Indias y el pabellón de la Navegación.

¿Y Marqués de Contadero? Sus bajos siguen a la espera del proyecto del Centro de Atención Integral al Visitante y del Centro de la Tapa (con la colaboración de la asociación de hostelería). Según el Gobierno municipal, costarán ocho millones de euros y estarán abiertos a finales de 2013. El diseño arquitectónico lo ejecutará la Gerencia de Urbanismo para "ahorrar". Con todo, está por ver si este paseo mejora sus conexiones con el resto de la ciudad.

Para la Raza, Zoido prometió ocio, restauración e instalaciones universitarias, así como una puerta de entrada para los cruceros en los almacenes más cercanos al río. Lo bautizó como Puerta del Atlántico, un proyecto del que nada se sabe y que dependía de la colaboración público-privada.

En cuanto al muelle de Nueva York, ya remozado, le falta la actividad de los quioscos-bares y las instalaciones para los artesanos prometidas, mientras que el muelle de las Delicias no tendrá Acuario y su conexión con el resto de la ciudad está mermada por las vallas y un proyecto urbanístico cuestionado hasta por los propios restaurantes allí instalados, los pocos ejemplos de inversiones privadas generadas junto a la dársena.

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