Pasión en Sevilla - Publicadas las bases del concurso fotográfico "Triana 2009"
abcdesevilla.es
JOSÉ L. GARCÍA. SEVILLA
Actualizado Sábado, 01-11-08 a las 11:25
Una pelea absurda tras una petición de cigarrillos no atendida fue el germen de la tragedia ocurrida el pasado sábado en la avenida de Ramón de Carranza, donde un adolescente de 17 años fue mortalmente atropellado por un vehículo cuando huía de un joven que le perseguía con una botella rota. Tras reconstruir los hechos, el grupo de investigación de la Comisaría de Triana ha detenido al perseguidor, que ha resultado ser un joven de 22 años, vecino de Bormujos, al que le constan ocho detenciones, muchas de ellas por desórdenes públicos y atentado a agente de la autoridad.
Hasta ocho jóvenes que, de una manera u otra, participaron en el incidente han sido interrogados sobre lo que ocurrió aquella noche. El resumen resultó ser bien sencillo: dos grupos, uno de ellos de San Juan de Aznalfarache y otro de Bormujos —que al parecer no eran desconocidos entre sí— se enzarzaron en una discusión que fue subiendo de tono hasta que por uno y otro lado aparecieron las botellas como arma ofensiva.
Uno de los que las esgrimió fue Julián A.P., un vecino de Bormujos con numerosos antecedentes por broncas en Sevilla y poblaciones del Aljarafe, entre ellas Gines, que con el cristal agredió a uno de sus oponentes, al que hirió. El joven sufrió un profundo corte en una mano que le seccionó totalmente un tendón, lo que más tarde requeriría veinte puntos de sutura.
Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el joven herido y su amigo Antonio emprendieron la huida. Fue entonces cuando este último atravesó los setos de la avenida de Ramón de Carranza e invadió la calzada, empotrándose materialmente contra un coche que en ese momento pasaba por el lugar. Como consecuencia del violento impacto, el joven sufrió lesiones irreversibles que determinaron su muerte tres horas después. El conductor del vehículo fue más tarde sometido a la prueba de alcoholemia y dio negativo.
Tras la toma de declaraciones a los diversos testigos del suceso, la Policía acabó identificando a Julián A.P. como el autor de la agresión con la botella, y como tal sería identificado más tarde en rueda de reconocimiento. El joven fue puesto a disposición de la autoridad judicial, que acordó su puesta en libertad.
La detención de Julián A.P. ha servido para desvirtuar las informaciones que apuntaban a un supuesto intento de robo como el origen de la huida del joven fallecido y el subsiguiente atropello.
De hecho, el suceso que acabó con la muerte del adolescente de San Juan de Aznalfarache no fue si no una de las muchas broncas que, cada fin de semana se originan en plena botellona, en ocasiones protagonizadas por grupos de jóvenes que ni tan siquiera son de Sevilla y que suelen coincidir en el mismo sitio una semana y otra, lo que propicia todo tipo de enfrentamientos.
En este sentido, tras la trágica muerte de Antonio el pasado sábado, llegó a circular la especie de que existen grupos, de tipo «cani», que se dedican a reventar las reuniones de jóvenes en la botellona. Esta suposición no tiene, según la Policía, mayor credibilidad, ya que la experiencia demuestra que en muchas de las broncas que se suceden el fin de semana participan grupos de jóvenes llegados de pueblos del extrarradio de Sevilla, que viajan a la capital en verdaderas oleadas para «hacer botellona».
Así, una de las fuentes consultadas destacó como botón de muestra el detalle de que el pasado verano se formó una bronca monumental en la Isla de la Cartuja y en la misma sólo participaron dos grupos, uno de jóvenes llegados desde Guillena y otro de rumanos residentes en Carmona que, al parecer, tenían cuentas pendientes de ocasiones anteriores.
noticia de Correo de Andalucía.
Iria Comesaña
El hombre entraba en cualquier sitio del que pudiera llevarse tarjetas de crédito, luego se disfrazaba para parecerse a la foto del carné e iba al banco a sacar dinero. Siempre lo conseguía, sin despertar las sospechas de los empleados. En cinco meses logró al menos 14.000 euros empleando 25 tarjetas, y al ser detenido, se comprobó que en marzo se le arrestó por 13 casos más.
La Policía Nacional ha detenido a Carlos M.V., de 35 años, con 26 detenciones anteriores y dos reclamaciones judiciales por otros casos de estafa bancaria, como autor de varios delitos de hurto –robo sin violencia–, estafa y usurpación de estado civil, que es como se califica el delito de hacerse pasar por otra persona, en este caso empleando su documentación.
La investigación comenzó en mayo, cuando se detectó un incremento de denuncias en Sevilla y varios pueblos de la provincia por robos de documentación y posteriores extracciones fraudulentas en bancos.
La forma de actuar se parecía tanto en todos los casos, que los agentes sospecharon desde el primer momento de un individuo con un amplio historial de delitos contra el patrimonio, sobre todo hurtos y estafas bancarias.
El hombre robaba bolsos, riñoneras o carteras en las que podía haber documentación aprovechando siempre un descuido: entraba en gimnasios y revisaba las bolsas de deporte, abría coches de personas que se habían bajado un momento sin molestarse en subir las ventanillas e incluso se arriesgó a hacerse pasar por electricista para entrar en empresas privadas y organismos públicos. Usaba un mono de trabajo para hacer creíble su artimaña, y le surtía efecto, porque lograba convencer a quienes encontraba en su camino.
Ya con la documentación en la mano, se disfrazaba para asemejarse a las fotografías del DNI y acudía al banco, con las tarjetas, para sacar dinero. No tenía mala pinta, por lo que no levantaba sospechas, y sus rasgos faciales no eran muy marcados, por lo que le resultaba más fácil hacerse pasar por otra persona.
Su estrategia era tan buena que, aunque por casualidad la inmensa mayoría de las tarjetas que robó pertenecían a la misma entidad bancaria –un 80% de ellas–, los empleados no sospecharon, y hasta se asombraron cuando los agentes acudieron a revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad para verificar que se trataba del hombre del que sospechaban.
De esta forma, en pocos meses logró sustraer unos 14.000 euros. La Policía le imputa 25 delitos en Sevilla y su provincia, Cádiz y Córdoba.
Además, cuando fue detenido se comprobó que también lo había sido el pasado mes de marzo, un par de meses antes del inicio de esta tanda de robos, por idénticos delitos. Entonces se le atribuyeron 13 casos.
En libertad. El detenido fue arrestado por agentes del distrito Triana, y llevado ante un juez, que lo puso en libertad, a pesar de que la reincidencia y de que los delitos que se le atribuyen podrían conllevar penas de cárcel. En concreto, la estafa, y en particular si la cuantía excede de 400 euros, supone penas de entre seis meses y tres años de cárcel. Si se comete abusando de la firma de otro, o sustrayendo documentos oficiales de cualquier clase –como el DNI–, la pena podría alcanzar los seis años.
noticia de ABC de Sevilla
Parte de la Colección de Cerámica de Triana Miguel Ángel Carranza, tal como se llamará la muestra, residirá de forma permanente en el Real Alcázar en tres salas del Cuarto Alto del Almirante, el resto se instalará en el futuro Museo de la Cerámica de Santa Ana, en Triana. Alrededor de 1.000 piezas que componen la colección privada de cerámica más importante de España, que ha sido recaudada a lo largo de cincuenta años por Vicente Carranza y su hijo Miguel Ángel. Unos 800 azulejos, muchos de ellos datados en el siglo XVI, algunos anteriores a los de Niculoso Pisano, instaurador de la técnica del policromado en Sevilla. Carranza cuenta además con multitud de vasijas, escudillas, tinteros, albarelos e innumerables paneles fechables entre el siglo XII y el XX. Además de 60 platos populares, algunos de ellos, los de reflejos dorados, muy apreciados por su escasez y varios conjuntos de paneles de azulejos del siglo XVIII. Una colección forjada con esfuerzo y cuidada con responsabilidad y mimo, fruto de viajes a subastas y rastrillos de Madrid, Sevilla y Lisboa que finalmente, residirá en la capital hispalense durante 20 años, en el espacio deseado por su propietario, el emblemático Real Alcázar, justo en el sitio en el que desde hace años debía estar.