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UNA ORDENANZA ANTIVANDÁLICA INÚTIL

Un gorrilla de Bami: «La ordenanza no nos ha afectado, seguimos los de siempre»

La ordenanza antivandálica nació en 2008 para paliar el fenómeno «gorrilla». A día de hoy, la norma es «imposible de aplicar», según la Policía Local

CRISTINA AGUILAR / SEVILLA

Día 10/09/2010 - 07.24h

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KAKO RANGEL

Un gorrilla «trabajando» en Bami.

«El ofrecimiento de lugar para aparcamiento en el espacio público a los conductores de vehículos con la intención de la obtención de un beneficio económico por personas no autorizadas, será considerado en todo caso forma coactiva de mendicidad. En aquellos casos […] los agentes de la autoridad contactarán con los servicios sociales al efecto de que por los mismos se activen los recursos sociales existentes» (Art. 33.3 de la llamada ordenanza municipal «antivandálica»). Pero, ¿qué agentes? ¿Qué recursos sociales existentes?

El 18 de noviembre de 2008 entró en vigor una ordenanza municipal que vendría a solucionar la coacción que sufren miles de sevillanos cada día a la hora de estacionar sus vehículos. Sin embargo, dicha norma, lejos de atajar de raíz el problema, ha propiciado un vacío legal para que los gorrillas campen a sus anchas y sigan recaudando su «impuesto revolucionario».

Zonas como Bami, Sevilla Este, Viapol o Macarena han visto en el último año un repunte importante de este colectivo. La crisis económica, la «libertad de movimiento» que ofrece la ordenanza antivandálica… Lo cierto es que la presencia de estos «chantajistas» está quemando las bondades de los ciudadanos que piden, ya, una solución. «Tenemos miedo. Si no les das el euro que muchas veces te exigen, empiezan a chillarte y a amenazarte en medio de la calle, incluso con niños delante, es una situación dantesca que el Ayuntamiento está pasando totalmente por alto», asegura Rosario, una vecina de Bami. Patricia, dependienta de la panadería Los Artesanos del mismo barrio, apuntaba que «algunos conductores vienen apurados pidiéndome cambio para darles una moneda a los gorrillas, así evitan los insultos y la violencia de éstos».

No sólo Bami, reino indiscutible de esta práctica, sufre las delicias de esta «sociedad organizada». Sevilla Este, más concretamente en la zona de la Avenida de la Innovación, ha experimentado también un aumento de gorrillas. Vicente, del bar El Rincón de Nani, asegura haber visto hasta «quince gorrillas en una misma noche en calles que no superaban entre todas más de 300 metros». «A menudo se pelean entre ellos por la organización del espacio, muy cerca de los negocios, y eso da muy mala imagen de cara a los clientes». Juan, que regenta el bar Zanzibar, añade: «Los gorrillas dan mucha inseguridad a este lugar, sobre todo por las noches, se ponen muy pesados para que les des algo de dinero, te acosan y dejan mucha suciedad».

Amenazas

Improperios, arañazos en el coche, rotura de cristales, amenazas varias… Para estos «caciques» todo es posible por conseguir su renta. No obstante los sevillanos dividen sus opiniones respecto a esta cuestión. Algunos accedían a pagar para evitar discusiones, otros se negaban con rotundidad. «Vivo en Bami y no les doy dinero, lo que pasa es que la gente tiene miedo por si le hacen algo a sus coches. Se acabaría el problema si nadie les diera dinero y sin tenerles miedo ya que, en Sevilla, no se puede esperar nada de la ordenanza», afirma Alfredo.

Un residente de Sevilla Este habla de la única solución que puede quedar para los que intentan aparcar en un área «minada» de gorrillas. «La presencia de gorrillas condiciona a la hora de estacionar, prefiero dar más vueltas y buscar otro sitio que darles dinero».

Los gorrillas

Abcdesevilla.es pudo hablar con un par de gorrillas de Bami. Ambos se negaron a identificarse. El primero de ellos, toxicómano –y con muy mal aspecto físico-, aseveraba que la ordenanza municipal «no ha afectado» y que en el barrio «seguían los mismos». Una «clienta» que acaba de dejarle la «limosna» decía: «Con esas pintas, como para no darle algo. Da miedo con sólo ver que se te está acercando».

Otro gorrilla sostenía que ejercía de «aparcacoches» porque estaba en paro y tenía una hija de un año «a la que dar de comer». «Peor sería si robase, ¿no? Sólo pido la voluntad, porque cuando el hambre aprieta.... Los "yonkis" son los que forman escándalos, yo no discuto con nadie», una vecina que permanecía atenta al discurso del gorrilla, Mercedes, avalaba sus palabras. «No todos son malos, ni todos amenazan. Si les dices que eres vecino o que trabajas y tienes que venir todos los días, te dejan en paz», garantizaba Mercedes.

La Policía Local

«La ordenanza es muy bonita, pero no se puede aplicar», asegura Luis Val, secretario de Gestión del Sindicato de la Policía Local de Sevilla. El Sindicato critica la inutilidad de la norma al escasear los medios y el personal necesario para aplicarla. «La ordenanza la configuró el Ayuntamiento sin la opinión de la policía. Tienen una idea que tienen que vender pero, toda la escala de la Local sabe perfectamente la imposibilidad de llevarla a cabo».

Tal y como consta en la ordenanza, si el gorrilla sigue en su función, una vez informado de que la práctica que está ejerciendo es delictiva, la Policía Local estará obligada a multarlo con hasta 120 euros, como «infracción leve». Según Val, los gorrillas son «habitualmente» indigentes sin documentación. Para denunciarlos, el primer paso a seguir es la identificación. «No podemos perder a dos policías y un coche toda una mañana en averiguar quién es para luego multarlo y que finalmente se declare insolvente».

Espantarlos parece ser la única medida eficaz. Por otro lado, la ordenanza recogía que la Policía Local podía incautarse del dinero que llevase el gorrilla, pero… «No podemos intervenir el dinero a una persona si no sabemos a ciencia cierta que todo lo que lleva lo ha conseguido por aparcar coches, y volvemos al tema “falta de personal” para hacer algo así».

Alternativas

Ya Juan Ignacio Zoido, portavoz del Partido Popular y candidato a la Alcaldía de Sevilla, comentaba con tan sólo tres semanas de vida de la ordenanza que el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, había «vendido» la norma como «la panacea contra las actividades incívicas de la ciudad, una herramienta necesaria pero insuficiente».

«Tenemos que erradicar la existencia de la figura del «gorrilla» porque es algo inusual en las grandes capitales, pero sobre todo porque dificulta la convivencia», manifestó Zoido. Así, el popular abogó por trabajos sociales y curas de desintoxicación en caso de que los «gorrillas» tengan problemas de adicción, además de programas de formación y búsqueda de empleo.

El gorrilla, principal competidor del Vovi

El Ayuntamiento intentó paliar hace unos años la presencia de gorrillas «colocando» más vovis por las calles de la capital hispalense. Sin embargo, los gorrillas se han impuesto a los vovis. Juan, un vovi de la Avenida de la Innovación, declaraba que «llevo cuatro años trabajando en esta zona y en los últimos años hemos tenido multitud de problemas con los gorrillas». Según Juan, los gorrillas consiguen «apoderarse» del sitio a base de amenazas. «Mi recaudación ha bajado un 25 por ciento. Entiendo que ellos necesiten dinero, pero que lo hagan por lo legal, respetando a los vovis y no coaccionando a la gente».

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