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Triana, a los pies de la Estrella

Fue más que un Domingo de Ramos. Marcha tras marcha, la Virgen recorrió un itinerario que le permitió encontrarse, de forma multitudinaria y a la vez íntima, con su barrio y su ciudad

GLORIA GAMITO / SEVILLA

Día 13/06/2010 - 11.44h

NIEVES SANZ

La Estrella en la calle San Jacinto donde se descubrió un azulejo.

Manuel Soria Campos presidió el pontifical en ausencia del arzobispo.

«¡A pulso! ¡A pulso!», gritó el capataz, Pepe Luna, para la primera levantá cuando eran las ocho en punto de la tarde. El paso de la Virgen de la Estrella iniciaba así la procesión extraordinaria con motivo del 450 aniversario de la hermandad. Primero dio la vuelta hacia el altar donde se quedaba el Señor de las Penas y luego, a los sones de «Jesús de las Penas, una oración», con la capilla a oscuras y sólo con la luz de su candelería y el reflejo de la tarde entrando por el dintel la Estrella avanzó hacia la puerta. Comenzaba el delirio en la calle. La Virgen iba al encuentro de su barrio y todo hacía pensar que se despediría de él bien entrada la madrugada.

Un pectoral de regalo. La Hermandad de la Estrella regaló a monseñor Asenjo un pectoral de plata con el nombre de su madre en el reverso

Era una Estrella vestida de Virgen de gloria y de dolorosa, con muchas novedades respecto a su salida procesional del Domingo de Ramos. Desde la una y media de la tarde en que regresó de la parroquia de Santa Ana hasta las cinco, Pepe Garduño, su vestidor, y el prioste obraron el milagro de la transformación. Vestía la saya blanca que hace «17 o 20 años» que no se le pone. El manto de salida iba recogido, no suelto como siempre, y no lucía ni puñal, ni lignum crucis ni pañuelo porque era una procesión de gloria. Explicó Garduño que había pensado ponerle una azucena «pero como las manos son tan buenas dijo el prioste que no llevara nada, que no hacía falta». La Virgen lucía toca de sobremanto, que no lleva en Semana Santa, así como el fajín de general del duque del Infantado, otra prenda que no usa desde hace bastante tiempo. A sus pies llevaba la Reliquia de Santa Teresa de Jesús que el día antes le trajo de Roma el procurador general de los Carmelitas Descalzos.Tras quince años sin lucirlas, la Vigen llevaba velas de cera y el paso iba adornado con nardos, sobre todo,—igual que en la salida del 400 aniversario en 1960— y en menor cantidad frecsias. Los doce nuevos varales de Juan Borrero completaban el paso para esta salida extraordinaria por su barrio.En San Jacinto, la Hermandad de la Estrella de Coria del Río había colocado estrellas de Oriente en fachadas y kioscos y con pintura blanca y flores engalanó el suelo desde el Altozano hasta el Distrito, y el tramo de la capilla a Pagés del Corro con dibujos de sales.

En la procesión formaban las hermandades de Triana, las del Domingo de Ramos, además de la Macarena y el Baratillo, así como las de la Estrella de la provincia y de Andalucía y unos 250 cirios. Detrás de los hermanos más antiguos, iban los representantes de los Carmelitas Descalzos, de los Mínimos y los Franciscanos de la Cruz Blanca, así como el presidente del Consejo de Cofradías, Adolfo Arenas, y la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro. En la presidencia el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, con la vara de hermano mayor.

Como una Virgen de gloria. La Estrella, con la saya blanca y el manto recogido, iba sin pañuelo, lignum crucis ni puñal porque iba de gloria y no de dolorosa

Monseñor Asenjo llegó a la capilla de la Estrella sobre las siete de la tarde para participar en la procesión, ya que por problemas con los aviones, «una huelga encubierta de los controladores de vuelo», no pudo llegar a tiempo para presidir el pontifical que se celebró a las nueve y media de la mañana en la parroquia de Santa Ana. Incluso tuvo que dormir en Madrid. Lo sustituyó el delegado episcopal de Hermandades y Cofradías, Manuel Soria Campos. De todo ello fue informado el hermano mayor de la Estrella, Manuel Domínguez del Barco, en la madrugada del sábado. Domínguez explicó que «monseñor Asenjo suspendió todos los actos que tenía previsto para la tarde del sábado para estar con la Estrella».

A su llegada a la capilla monseñor Asenjo fue obsequiado por la Hermandad de la Estrella con un pectoral de plata obra de un orfebre de Triana. La cruz de Cristo la conforman azucenas, el simbolo de la Virgen. En su parte posterior el pectoral lleva el nombre de la madre del arzobispo, Cándida Pelegrina, fallecida hace sólo unos meses. Emocionado, monsejor Asenjo dijo que era un pectoral demasiado bueno para llevarlo a diario y que se lo pondría en ocasiones especiales. Ayer lo era y por eso y como agradecimiento se quitó el que llevaba puesto y lo lució en la procesión. Domínguez del Barco dijo que la Hermanad de la Estrella realizará una peregrinación a Roma para mostrar el apoyo de la cofradía a Benedicto XVI. Monseñor Asenjo quiso reparar lo que calificó «de desaguisado de esta mañana y señaló que la devoción a la Virgen es el camino y la ayuda «para guardar fidelidad al Señor, a la Iglesia, y al Papa al que Santa Catalina de Siena definió como “Dulce Cristo en la tierra”».

Desde las ocho y cuarto, hora en que el paso de la Estrella atravesó la puerta de la capilla a los sones de la Marcha Real, ya fue de Triana y de los trianeros, que toda Sevilla era ayer Triana. Sólo para dar la vuelta al salir de su capilla la banda de La Oliva de Salteras engarzó tres marchas. «Estrella sublime», «Estrella luz marinera», de Abel Moreno, y «Corona de Estrellas» de Bienvenido Puelles. Y así durante todo el recorrido triunfal por Triana que se rindió a los pies de la Estrella.

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