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La erosión producida por el besamanos obliga a «retocar» las manos de la Estrella

La erosión producida por el besamanos obliga a «retocar» las manos de la Estrella

Las manos de la Estrella tienen su peor enemigo en el carmín de los pintalabios durante el tradicional acto devoto del besamanos. PICHARDO

Besamanos
En el eterno debate sobre si lo más importante de una imagen es su perfil patrimonial o el devocional suelen ocurrir estas cosas. Unas manos, las manos de la Estrella perdieron ayer momentáneamente su lozanía por los besos de los fieles. ¿Fue mejor no ponerla en besamanos? No parece. La pintura se puede reparar. Un beso que no se da suele ser a veces algo irreparable.
CRETARIO A DIARIO

J. L. GARCÍA. SEVILLA

Actualizado Martes , 16-03-10 a las 10 : 22

El debate está servido: las manos de la Virgen de la Estrella tendrán que ser «repasadas» en su policromía a causa de la erosión que han sufrido como consecuencia del multitudinario besamanos que acaba de tener lugar en su capilla.

Apenas mes y medio después de la entrega de la imagen tras la restauración llevada a cabo en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, la hermandad ha requerido a los técnicos del IAPH para que lleven a cabo un «retoquito» de las manos después de apreciar en las mismas evidentes signos de desgaste que se atribuye no tanto al paso de los miles de devotos que durante el besamanos se han acercado a la Dolorosa, como al permanente roce del pañuelo utilizado tras cada uno de los besos depositados sobre las manos de la talla.

Un pañuelo que acaba convirtiéndose en una fina lija que arrastra la policromía, sobre todo en aquellas zonas que se habían perdido a lo largo del tiempo y que fueron reintegradas durante la restauración.

El «retoque» de la policromía de las manos de la Estrella ha sido confirmado por el hermano mayor de la corporación del Domingo de Ramos, Manuel Domínguez, para quien se trata de algo «superficial y tenue, que se esperaba que ocurriera por la gran cantidad de personas que se acercan a la capilla durante el besamanos a la Virgen».

Para el hermano mayor, si se quiere mantener el besamanos a la Estrella, no cabe otra opción que plantearse cada año estos pequeños retoques, «si no queremos llegar al punto de que las manos sufran un desgaste extremo».

Manuel Domínguez no precisó cuándo se procederá a la reintegración de la policromía desaparecida, aunque ayer mismo ya estuvo la restauradora en la capilla. «Será en estos días», dijo, sin que se descarte que pueda ser hoy mismo cuando la especialista del IAPH que realizó la restauración de la talla pueda desplazarse a la capilla, ya que ésta, según confirmó el hermano mayor, estará cerrada al culto para proceder al montaje del palio.

El «leve» deterioro sufrido por las manos de la Estrella ha servido también para que la hermandad tome buena nota de los métodos a utilizar.

En este sentido, el hermano mayor aseguró que «hemos aprendido», en referencia al modo en que personas de la hermandad se ocupan de pasar el pañuelo durante el besamanos. «Ese es un tema pedagógico que tenemos que asumir si queremos mantener el besamanos», dijo Manuel Domínguez, que asimismo se mostró dispuesto a «abrir un debate en el seno de la hermandad para que se pronuncie si queremos mantener el besamanos o preservar la policromía de las manos de la Virgen sin tener que retocarla cada año».

«Es un tema que tendremos que hablar con claridad, porque el besamanos y el mantenimiento de la policromía sin erosión son cosas incompatibles», añadió.

Tras la restauración de la Estrella, como es norma, los técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio recomendaron la supresión de los besamanos. Pero este es un extremo que el propio hermano mayor reconoce complicado, ya que en una imagen procesional chocan frontalmente la conservación artística y su destino al culto, lo que indefectiblemente conlleva un deterioro más o menos intenso a lo largo del tiempo.

En la erosión de una policromía reintegrada —aunque unas parecen responder de manera distnta a otras, caso del Señor de las Penas, de la misma hermandad— inciden de una manera crucial los materiales con los que se reponen las pérdidas.

El carmín como disolvente

A este respecto, restauradores como Pedro Manzano consideran que se trata de una guerra perdida, «ya que cualquier besamanos desgasta la policromía». Y ello porque las reintegraciones no se hacen con óleo, como cualquier encarnadura sino con pigmentos al barniz que no sufrirían alteración alguna si no hay roce, «pero si este se produce es mucho más fácil que se ocasionen erosiones.

Por su parte, el profesor Juan Manuel Miñarro va más lejos al asegurar que es la glicerina del carmín de los pintalabios la que tiene el poder de remover el barniz utilizado en las reintegraciones, lo que unido al roce del pañuelo es letal para cualquier reposición de policromía. «Otra cosa es que se aplique un barniz protector en la medida justa. Es el problema de las que llaman técnicas reversibles, un término obsoleto porque hoy en día ya todos los materiales son reversibles.

«Lo verdaderamente preocupante —añade Pedro Manzano— hubiera sido que se perdiera la base sobre la que se aplica la policromía, cosa que, aunque rara, puede suceder si el estuco se aplica sobre una base grasa o el yeso tiene algún problemas».

Las manos de Virgen de la Estrella son en sí mismas un símbolo de la Semana Santa de Sevilla, de ahí que su restauración haya sido objeto de una especial atención, lo que consecuentemente ha levantado opiniones diversas sobre la «profundidad» de la limpieza a que han sido sometidas y a la pérdida de la pátina natural que le daban su incuestionable personalidad.

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