Valor contra los paraguas en la O

 

El nazareno de la O en el puente de Triana bajo una fuerte lluvia a los pocos minutos de la salida

El nazareno de la O en el puente de Triana bajo una fuerte lluvia a los pocos minutos de la salida

8 Abril 12 - - Pepe Lugo

SEVILLA- No había duda en Triana. El mal arranque del Viernes Santo iba a impedir que el Cachorro y la O salieran. De nuevo un varapalo para los cofrades trianeros que llevan varios años de sobresaltos. Con los paraguas abiertos, a la hora de salir los goterones dieron la mala noticia a todos los que estaban junto a la capilla del Patrocinio. El Cachorro no iba a recorrer las calles de Triana para llegar hasta Sevilla.
Tampoco en el Arenal se vieron los antifaces de terciopelo azul. El aire romántico de la hermandad de la Carretería se quedó guardado en su capilla de la antigua calle Varflora. El galeón no salió, sin embargo y pese a las nubes que cubrían la ciudad, había una esperanza. Un rayo de luz se iba abriendo paso a medida que pasaban los minutos.
Bajaban las posibilidades de tormenta y las hermandades salían una tras otra. La O le puso valor y sus nazarenos coparon la calle Castilla. Colorido morado de la mejor tradición trianera del Viernes Santo. La más antigua de todas, la que cruzó el puente de barcas para llegar a Sevilla, rompía los malos augurios y buscaba el puente. Le sorprendió la lluvia de manera pertinaz. No sucedió nada. Se abrieron los paraguas y la cofradía siguió adelante como si hiciera un sol radiante. El nazareno estaba en el puente, mojado, pero sabían que los partes mejoraban. No había miedo como tampoco lo hubo en la Soledad de San Buenaventura, que con un gran chaparrón se adentraba por Carlos Cañal ante la mirada atónita del público.
A medida que pasaban los minutos, el tiempo mejoró para que el Viernes Santo se pudiera disfrutar pese a la ausencia del Cachorro    y la Carretería. Salió San Isidoro con el restaurado manto de la Virgen de Loreto. Una joya que ha recuperado el esplendor en el taller de Jesús Rosado. El resto de hermandades no tuvieron ningún contratiempo y permitieron disfrutar de bellas estampas como Montserrat en Molviedro. Gran trabajo de ambas cuadrillas. Se cerró el Viernes Santo en el antiguo convento de La Paz. La Mortaja llegaba a su templo entre las blancas paredes de cal de Bustos Tavera. Amortajaban a Cristo y con él una Semana Santa que ya veía su fin en el  decadente epílogo de un Sábado Santo pleno.

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