Cuenta la mitología, que la Diosa Astarté, puso los pies sobre este suelo y dijo: -¡Eah! De aquí pacá Triana

 

Triana (I)

Cuenta la mitología, que la Diosa Astarté, puso los pies sobre este suelo y dijo:

-¡Eah! De aquí pacá Triana

La servesita de la una, por Álvaro Ballén

La servesita de la una, por Álvaro Ballén

Moe de Triana. Sin más ceremonias ni historias. Sin ningún tipo de protocolo. Con tó el ange de la ribera, como si ya por aquel entonces vaticinara en lo que se iba a convertir aquel fértil arrabal poblado por campesinos y marineros, diciéndolo con un acento como si el olimpo de los Dioses estuviera situado en el nº 14 de la Calle Castilla.

Sea como fuere la fundación de esta colonia alfarera situada frente a Sevilla, bien como nos lo cuenta la mitología o como lo cuentan los historiadores más empapados en la matería, la cuestión es que vaya cosa bonita que se vino a construir sobre la falda del Guadalquivir, nuestro río grande por antonomasia al que el barrio ha sabido perdonar tantas embestidas producidas por sus riadas y mareas a lo largo de siglos y siglos.

Triana, siempre Triana, un barrio que no tiene más bandera que la que pende de la cucaña que a mediados de Julio sirve de excusa a niños y jóvenes para darse un bañito en las aguas de ese río al que todos miramos con cariño cuando paseamos por la orilla de la calle Betis o cuando bajamos al paseo de la O en las tardes de primavera.

Un barrio al que se llega cruzando un puente que parece temblar nervioso al compás de los pasos de quien decide abrirse paso a través de él para llegar hasta el Altozano y diluirse más tarde por su intrincado de calles, esas que sabiamente supieron ser bautizadas, para que ningún alcalde guasón viniera después a cambiarle el nombre.

Pureza, San Jacinto, Alfarería, San Jorge, Castilla, Pagés del Corro, Evangelista…

Rincones por los que perderse en busca de alguna estampa que capte totalmente nuestra atención, cosa que no es mu complicá porque se mire a donde se mire, el barrio y sus paredes contienen detalles y pinceladas que son capaces de dejar boquiabierto al más incrédulo y escéptico.

Así es Triana, compás y sevillanía a raudales. Así es Triana, un barrio por descubrir.

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