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El pabellón de la Navegación leva anclas

Un mar de leds del que surgen personajes que nos cuentan historias de la navegación, un mural que habla de cómo el arrojo y la tecnología vencieron al miedo, y un panel interactivo con el que experimentar la vida en un barco...

m.d. alvarado / sevilla

Día 04/11/2011 - 21.56h

El pabellón de la Navegación leva anclasrocío ruz

A mediados de diciembre el Pabellón de la Navegación abrirá sus puertas al público y lo hará mostrando un edificio remozado en el que los nuevos usos remarcan las líneas de su singular diseño, obra del arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra. Contará con una nueva exposición permanente que nos arrastrará a la época en la que subir a un barco era toda una aventura y en la que Sevilla fue un puerto crucial en la historia de la Navegación.

Casi 20 años después de la Expo, el pabellón, que fue el más visitado de la muestra, necesitaba una actuación que lo remozara y permitiera darle unos usos y un contenido que lo hicieran más sostenibles. Su director, Javier Sanchidrián, explica que la actuación, en la que se han invertido 11 millones de euros —7,3 en la rehabilitación y 3,7 en la musealización— ha permitido abrir un nuevo acceso desde el que se puede llegar a la entrada del paseo del río y la planta baja — donde irá la sala para exposiciones temporales (1.000 metros cuadrados) y la zona reservada para eventos y congresos (con capacidad hasta para 800 personas)— o alcanzar desde la rampa de acceso la exposición permanente. Se trata de una muestra en la que se recupera el objetivo para el que nació el pabellón, contar la historia de la navegación desde la perspectiva humana, técnica, de la vida a bordo y la visión histórica de Sevilla, siguiendo la idea del arquitecto y director de GPD Boris Micka.

Nada más acceder al interior de ese espacio expositivo el visitante se sumergerá en un mar de leds, que, con el juego de luces y altura, simulará el movimiento de las olas y nos introducirá en un viaje a través de un océano lleno de «almas» e historias. Son personajes desconocidos para la gran mayoría, pero que, como cuenta Jerónimo Núñez, responsable de contenidos, existieron y de hecho sus historias han sido sacados de documentos del Archivo de Indias.

Entre ellos está Francisco Escudero, un ciego que allá por 1795 quería embarcarse a México como fuera, incluso mintiendo sobre los «avales» que se requerían. No lo logró, pero nos contará su curiosa historia sólo con echar una «moneda» —piezas que reproducen los escudos de la época de Carlos III y Carlos IV— a su sombrero. Poco más allá será el contramaestre del Nuestra Señora del Juncal el que contará cómo logró salvarse de un naufragio mientras una instalación reproducirá elementos como un astrolabio o el bastón de mando del general que al tocarse nos contarán la historia de otros miembros de la tripulación.

El recorrido incluye la reproducción de lo que era el Arenal de Sevilla en el siglo XVI, con su suelo de albero en el que se reproducen pisadas; piezas que invitan al visitante a conocer cómo era la vida del barco incluido castigos como el «trato de cuerda» —a un marinero se le cruzaban atrás los brazos y se le subía hasta lo alto del mastil para tirarlo desde allí y, descoyuntarlo— que, si nos apetece, podremos infrigir nosotros mismos ante los gritos de «ánimo» de la tripulación para ir saliendo de ese mar muy cerca de los restos de un naufragio. El fin de ese escenario lo marcan los «mensajes en la botella» que nos envían desde un marinero filipino a una señora que le ha tocado un viaje en barco en un sorteo para darnos su visión del mar.

El recorrido incluye la reproducción de lo que era el Arena en el siglo XVI

A partir de ahí se pasa al espacio más técnico y en el que el protagonista es un gran mural del artista mexicano Gabriel Pacheco. El mural parte de los miedos ligados al mar, monstruos marinos incluídos, para contarnos cómo la tecnología fue poco a poco aplacándolos; será, un mural activo, ya que en él se podrán tocar distintas piezas como la hélice de un barco. Se completa con reproducciones de barcos recuperadas de la antigua muestra de la Expo como la Nao Victoria, el Galeón Exvoto Utrera, el navío Nuestra Señora del Pilar, que hacia la ruta a Filipinas, y los trasantlánticos Mauretania o United States, y se completa con otra de un barco del futuro, que se moverá con energía eólica y baterías de hidrógeno.

La muestra nos conduce a un espacio interactivo. Sobre un gran panel se entremezclan tres historias —llegada a la isla, tormenta y ataque de piratas— en las que el visitante tendrá que usar el timón para mover el barco, el cabestrante para subir la carga o disparar contra un barco, jugando con otros visitantes o con la pantalla.

Desde allí se llega a un área en el que se mostrará la importancia histórica de Sevilla en la Navegación gracias a la mezcla de grabados de distintas épocas.

La puesta en marcha de esta exposición empezó a fraguarse en 2007. Cuando en diciembre el pabellón abra sus puertas —el coste de las entradas oscilará entre 3,50 y 4,90 euros—, las sensaciones atraparán a un visitante, que, por cierto, podrá acceder muy cerca de la lámina de agua ya que habrá continuidad desde el Paseo de la O.

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