Triana arropa al ruan de su cofradía de negro - El Correo de Andalucía

 

Pasión y Muerte

Triana arropa al ruan de su cofradía de negro

Mario Daza Actualizado 15/04/2011 22:23

Cientos de personas abarrotaron las calles en su estreno con nazarenos

Era el gran estreno de la jornada y quizás de la Semana Santa. Triana lo sabía y por eso fue capaz de dejar a un lado la algarabía propia de sus procesiones para vestirse con el ruan de los primeros nazarenos que tomaban sus calles con la hermandad de Pasión y Muerte. Era su estreno, su primera estación de penitencia hasta la catedral de Triana. La ocasión no merecía menos y por eso su barrio se volcó con el que está llamado a ser el contrapunto de la Semana Santa en la otra orilla del río.

Había ganas de cofradía, y eso se percibió rápidamente cuando los primeros nazarenos pisaron la calle Virgen de Fátima minutos antes de la hora prevista. Eran cuatro, de ruan negro, con cirios morados en sus manos. Tras ellos se alzaba la cruz de guía de la hermandad de la Estrella que un orgulloso Antonio Martín, hermano de ambas corporaciones, paseaba por Triana en señal del madrinazgo llegado desde San Jacinto. Seguían pasando nazarenos, pocos, algo más de medio centenar, que permanecían impasivos ante el murmullo que ensordecía la calle. Quizás haya pesado el hecho de que la hermandad haya obligado a que este año las únicas túnicas que procesionaran tuvieran que adquirirse en la sede de la corporación.

Es un cortejo medido. Cirios morados al cuadril, sólo dos varas por insignia. Cuatro tramos y un singular cuerpo de acólitos con roquete que portan cirios blancos con el nombre de cada hermandad de Triana grabado en ellos. Son símbolos que hacen única a una cofradía. Entre tanto, cuatro ciriales se apostan en la puerta de la parroquia. Parece que no cabe pero el paso de portentosa talla del Cristo de Pasión y Muerte atraviesa las leyes de la física para encontrarse con Triana. Sigue el murmullo, sus vecinos deben aprender a comprender la esencia de una cofradía de negro.

Y así se inicia el rito. El paso se va completando poco a poco. Primero los hachones, uno a uno, no hay prisa para colocarlos. Se para el tiempo. Así, una saeta intenta imponerse al desaliento mientras el crucificado asciende sobre el monte de flores asilvestradas que aumenta su belleza. Sube entre saetas y sones del trío de capilla. Es pura esencia del ruan con el marco hermoso del barrio de Triana.

El Señor avanza entre una marea de personas que lo acompañan. Todavía es de día y el tímido sol de la tarde dora su figura. La cofradía sigue su camino hacia Santa Ana donde le espera la noche, su verdadera aliada, y el orgullo de ser la primera hermandad de negro que hace estación de penitencia a la catedral de Triana.

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