Pasión y Muerte: ruán negro de Viernes de Dolores para Triana - abcdesevilla.es

 

La hermandad aprobada por el arzobispo Asenjo llevará a Santa Ana su espíritu de recogimiento y austeridad

AURORA FLÓREZ

Día 12/04/2011

Pasión y Muerte: ruán negro de Viernes de Dolores para Triana

El Cristo de Pasión y Muerte en las calles de Triana

SEVILLA

Han pasado más de veinte años desde que un grupo de cofrades empezara a gestar la idea de crear una hermandad de ruán negro —y todo lo que conlleva— en Triana. Y han sido, desde que naciera en la parroquia de La O, dos décadas de trabajo bien hecho, sin prisas, y sin apartarse un ápice de su sentido original y del camino que se habían marcado, fieles al sello propio que querían imprimirle, y a su estación de penitencia a la parroquia de Santa Ana, como consta en sus reglas, sin intención de querer pasar a engrosar la lista de corporaciones que hacen su recorrido hasta la Catedral.

Este año, en enero, añadieron un paso fundamental a su sueño, hecho realidad con la entrega del decreto firmado por el arzobispo, monseñor Juan José Asenjo, por el que la hasta ese momento agrupación parroquial establecida en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Aire pasaba a formar parte de la nómina de hermandades de penitencia. En el seno de la corporación llevaban esperando hace tiempo que se produjera este acontecimiento, en el que Pasión y Muerte se convirtió en la octava cofradía de Vísperas y en la primera hermandad de penitencia aprobada por monseñor Asenjo.

En estos meses el trajín habitual de los hermanos de Pasión y Muerte, que hasta el momento hacian su estación de penitencia modélicamente, con rigurosos trajes oscuros, se ha multiplicado. Su hermano mayor, Antonio Marín, asegura que «cuando eramos todavía agrupación lo hacíamos todo con tranquilidad. Ahora hay que acudir a múltiples reuniones con el Cecop y el Consejo de Cofradías, por no hablar de los cientos de pregones y actos de cuaresma a los que tenemos que acudir».

La emoción en el seno de la corporación es imparable en espera de este Viernes, cuando tras la primera misa de ermandad, que oficiará a las doce de la mañana Ignació Jiménez Sánchez Dalp, las horas del día se precipiten hasta que den las ocho de la tarde y la calle Virgen de Fátima se llene de gente para ver el estreno ante la iglesia Nuestra Señora del Buen Aire, en la frontera entre Los Remedios y Triana, ubicada en los bajos de un bloque de pisos, donde la corporación radica desde 2001

D Esta vez no sólo acudirán a contemplar cómo la corporación ha solucionado la salida del misterio por una puerta con las dimensiones de las de un garaje, moviendo el paso sobre ruedas con el Crucificado completamente tumbado, sin hachones, y cómo hay que recomponerlo ya en el exterior de la parroquia. No sólo eso, porque por primera vez por esas puertas saldrán nazarenos con túnicas de ruán negro de cola, cinturón y zapatillas de esparto, capirotes altos y cirios de color morado, en una noche en la que sentirán el respaldo de Triana personificado en los nazarenos de la Estrella, madrina de esta primera estación de penitencia, que con su cruz de guía irán con ellos, al igual que el Domingo de Ramos una representación de Pasión y Muerte acompañará a la corporación de la calle San Jacinto hasta la Catedral. Serán alrededor de un centenar los hermanos, entre nazarenos —quince mujeres entre ellos—, cuerpo de acólitos y auxiliares, los que acompañen hacia la Catedral de Triana a ese

portentoso Cristo de Pasión y Muerte salido de la gubia de José Antonio Navarro Arteaga, que dedicó la imagen a su madre, pues falleció en el tiempo en que estaba realizando la talla, en espera de poder mostrar en la calle a Sevilla a la cotitular de la corporación, la Virgen del Desconsuelo y Visitación, del mismo imaginero, que tendrá que esperar dos años tres, según Antonio Marín, pues la intención es que estrene su palio, que «cuesta mucho dinero y nosotros vamos muy despacito tenemos, por ejemplo, pocas insignias pero muy buenas». Porque esta es la filosofía de la hermandad, el trabajo sin prisa, pero sin pausa y la conservación de su esencia. Por ello, tampoco permiten sus reglas que en el cortejo procesional participen niños menores de catorce años en aras de mantener ese espíritu de recogimiento, seriedad y religiosidad que han demostrado en sus salidas como agrupación parroquial.

Hoy por hoy, la Hermandad es inamovible en cuanto a permancer en Triana, en Viernes de Dolores, en Santa Ana. No en vano, hace cuatro años los hermanos decidieron en cabildo general que la estación se haría a Santa Ana. En ello hay completa unanimidad en la junta de gobierno y en el grupo joven, «de donde saldrán los futuros hermanos mayores», apunta Antonio Marín. «Lo único que cambiará en su día es que el palio llevará música de capilla cuando salga. Es lo único que cambiará en la Hermandad de Pasión y Muerte».

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